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MENSAJE DEL PTE CACSJ

PALABRAS A PRONUNCIADAS POR EL PRESIDENTE DE LA COMISIÓN DEL ARMA DE CABALLERÍA AL CONMERORARSE EL DÍA DEL ARMA AÑO 2021

Un nuevo año, un nuevo 23 de abril han llegado y, consecuentemente, nos encontramos en un nuevo “Día del Arma de Caballería y de su Santo Patrono San Jorge”, pero lo hacemos frente a una situación particular, continuidad de la misma tragedia que nos amenaza desde el año anterior y configura un momento no apto para celebraciones, razón por la cual creo que debemos limitarnos a hacer una evocación, evocación de una fecha que para quienes llevamos las lanzas cruzadas grabadas en el alma, constituye una circunstancia  trascendente, pero   concretaremos con sobriedad y respeto ante los graves efectos que continúan produciéndose.

Lo expresado nos impide, como hubiera sido nuestro deseo, repetir aquellos días en los cuales todos nos reuníamos para compartir nuestros sentimientos más profundos y valorados, provenientes del particular espíritu que nos caracteriza y de un rígido y muy afianzado sentido de pertenencia. Ello también nos impuso abandonar el magnífico y tradicional escenario de la Dirección de Remonta y reunirnos en este lugar – también privilegiado – constituido por el cuartel del histórico y glorioso Regimiento 8 de Caballería, cuna de héroes, con páginas enteras escritas de hechos trascendentes, merecedor de un prestigio inigualable y que hoy oficia de anfitrión, algo que agradecemos profundamente.

Entiendo que en función de lo expresado precedentemente, lo correcto es dirigirme a los integrantes del Arma que están afectados al servicio de la comunidad, no obstante lo cual injusto sería no dar previamente una breve mirada hacia el rico y glorioso pasado de la Caballería, Arma con presencia en todos rincones de la Patria, en los cuales derrochó patriotismo, coraje, sacrificio y con ello posibilitó las victorias más resonantes en las luchas por la independencia, la organización nacional,  la consolidación como país independiente y la soberanía de la Nación Argentina.

Fue la época en que aquellos cuerpos gloriosos: Granaderos, Blandengues, Coraceros, Lanceros, Infernales, Dragones, Cazadores, Húsares, montados en sus fieles caballos, armas en mano, dieron muestras de su valía y, simultáneamente, fijaron las bases para el desarrollo del Arma, la de las cargas incontenibles, de los torbellinos de violencia, de los triunfos imposibles, de las hazañas legendarias. Para ello además, fue necesaria la presencia de conductores de antología, que al mando de esas tropas, hicieron posible ese accionar incontenible cuyo único resultado aceptado era la victoria. La sola mención de: Lavalle, Necochea, Paz, Brandsen, Pringles, Isidoro Suárez, Güemes y tantos otros, que con la fuerza de su indomable espíritu pelearon en cien combates y triunfaron en otros tantos, da una idea de la magnitud del legado recibido, que estamos obligados no sólo a mantener sino también a acrecentar. Si a ellos sumamos a todos quienes en los más recónditos rincones del país, libraron esos fieros entreveros, permitieron a fuerza de sable, lanza y coraje el dominio de incontables parajes y consolidaron las fronteras, estaremos recorriendo junto con la historia de la caballería, la historia de la Patria misma. 

Injusto sería de mi parte, no hacer mención también a las legiones de otros héroes y soldados de Caballería, anónimos – muchos todavía entre nosotros – pero también merecedores de nuestro recuerdo, que con su accionar escribieron inolvidables páginas de sangre y de sudor en beneficio del Arma y del Ejército todo. Para ellos también nuestro imprescindible reconocimiento.

Con el tiempo, la Caballería Argentina, con la misma voluntad de vencer, espíritu de lucha, abnegación y el valor y coraje de siempre, llegó hasta nuestros días: entera, sufrida y orgullosa. Esa es la Caballería, nuestra Caballería, esa que  pie a tierra,  montada a caballo, trepada a los blindados, en cada momento de la historia que le tocó protagonizar, fue lo mejor con lo que pudo contar la Patria y, como consecuencia de lo cual, cada generación de sus soldados impulsó, estimuló y enriqueció a la siguiente, sobre la base de las sagradas tradiciones, la fortaleza incomparable de su sentido de pertenencia, la indestructible camaradería y el siempre vivo alegre y jovial espíritu del jinete.

Actualmente, la situación imperante, impone a nuestros hombres el tener que enfrentar misiones particulares que hacen al apoyo a la comunidad de la cual provienen, con el objetivo de aportar a los conciudadanos el respaldo y el soporte necesarios para superar la pandemia que afecta a nuestro país. Y, es allí, frente a un enemigo distinto, pero también peligroso, donde afloran una vez más, las virtudes del soldado de Caballería. Nuevamente brindan al servicio de la Nación su abnegación, generosidad, sacrificio y estoicismo. Y, es allí, donde los Soldados de Caballería, nutridos de los principios recibidos, demuestran que ellos también están al servicio de la Patria cuando se los convoca.

Deben saber que nosotros sus camaradas de Arma, los acompañamos, que estamos orgullosos de ellos y no dudamos que nos representan y siguen alimentando la rica historia de nuestra Caballería y evidenciando los valores que nos distinguen.

Quiero agregar un párrafo y saludo especial para los jóvenes que han abrazado la carrera de las armas dentro del cuerpo vivo de la Caballería e inician su derrotero, ya sea en los institutos de formación o en nuestras unidades de tropa, para decirles que vivan estos momentos intensamente y con la mayor felicidad, porque su vocación militar, pese a las dificultades, es lo mejor que les pasó y están viviendo una aventura inigualable y estimulante, la de ser soldados de Caballería.

No obstante, normalmente el soldado no está solo y por ello quiero en esta ocasión, reconocer en forma especial, a quienes sin ser específicamente de Caballería, lo son por adopción y por sentimiento y el Arma no puede ni debe olvidarse de ellos. Me refiero a la familia del militar, que desde siempre acompañan al soldado, en todo momento y circunstancia, en particular en las más complejas y que sin conocer de jerarquías sufren y disfrutan por igual, cualquiera sea el rango y el puesto del militar, pero asumen su rol sin quejas, en forma silenciosa y si se quiere anónima, pero acompañan y simplifican el desarrollo profesional de nuestros hombres y su vida en general.

A todos ellos, a esa gran familia que siempre los acompañó y acompaña, que galopan y marchan con nosotros a lo largo de la vida, formalizo en esta ocasión en forma especial el agradecimiento de la Caballería por ese apoyo insustituible que complementa y perfecciona la tarea de nuestros hombres y mujeres.

Como siempre, en esta celebración no puedo dejar de saludar en forma muy especial a todos quienes no pueden estar presentes – que en este caso son la mayoría – pero con seguridad comparten los sentimientos que nos embargan. Tampoco olvidamos a los integrantes del Arma que se encuentran cumpliendo funciones en el exterior y en el Territorio Antártico, quienes seguramente, como fieles representantes de la Caballería, también nos acompañarán en este día tan especial y replicarán a la distancia todo nuestro sentir.

Siento también una particular, sentida e impostergable obligación de saludar con particular afecto en nombre propio y de la Caballería en su conjunto, a nuestros camaradas que se encuentran privados de su libertad. Conocemos de su sufrimiento pero también de su coraje y determinación para enfrentar su situación. A todos ellos les hacemos llegar nuestra solidaridad y un abrazo de soldados, junto con la esperanza que la justicia llegue cuanto antes y les permita recuperar el bien más preciado de un individuo que es la libertad. Junto a ellos, saludamos también a sus familiares que sufren, pero estoicamente acompañan esta situación y han logrado, no sin sufrimiento, la necesaria resignación.

No puedo olvidarme asimismo, de saludar con nuestro mayor afecto, a los Veteranos de Guerra, especialmente a mis Veteranos, que evidenciaron en Malvinas todo lo que se requiere de un combatiente de la Caballería y también a los reservistas de todas las épocas, que fueron y son fieles representantes del Arma y que dan testimonio permanente de su amor al Ejército.

En ocasión de la celebración de nuestro día no podemos olvidarnos de las otras armas, especialidades, tropas técnicas y servicios, quienes unidos estrechamente con nosotros desde el fondo de la historia, formamos el conjunto único e indivisible de nuestro Ejército Argentino. A todos sus integrantes nuestro invariable afecto y un saludo especial.

Soldados de Caballería, nuestra Arma es rica en historia, cohesionada y sufrida en el presente y esperamos que protagonista en el futuro; es un Arma equipada, capacitada, entrenada para la acción violenta y decisiva con sus tanques y sigilosa, prudente e inteligente con sus medios de exploración; es también un Arma lista para enfrentar las misiones que se le impongan  cualesquiera sean ellas; es un Arma que en el recuerdo es un cofre lleno de hechos imborrables; es un Arma que cobija a sus integrantes y les demanda esfuerzos y sacrificios pero también les brinda emociones y  alegrías; pero por sobre todo para nosotros, además de todo ello es un sentimiento y una forma especial de vivir la vida.

Para terminar, invoco a San Jorge para que nos brinde su guía y protección y nos ayude a ser cada día mejores personas y mejores soldados de Caballería.

Como corolario traigo ante Uds. unos versos que sintetizan -con la certeza y la belleza que sólo pueden conseguir los poetas-  la vigencia de nuestra Arma.

Han pasado muchos años
pero aún la caballería
es la gloriosa de antaño
que galopa en el peldaño
más alto de la hidalguía

nunca de allí ha de caer
ni jamás ha de morir su historia,
pues para ella perecer
preciso tendrá que ser
que a su vez muera la gloria.

  • 2021
  • 23 abril, 2021